Hacking the city

«¿Acaso la mejor subversión no es la de alterar los código en vez de destruirlos?», escribía Roland Barthes en los años sesenta. Alterar el código de un programa, de un sistema, de una ciudad. Alterarlo para hacer que el sistema funcione de otra manera. Los hackers informáticos se dedican a alterar el código, a mejorarlo colectivamente.

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Y la metáfora nos sirve para muchos otros ámbitos. El proyecto «Hacking the city» (2012) de Florian Riviere transformó Dublín durante unos días en un playground. Sus intervenciones lúdicas alteraban el código de la urbe. Insinuaban usos no habituales. Mejoras y/o subversiones colectivas. Hackear la ciudad con un simple dispositivo (digamos rayas rosas sobre el suelo) activa la inteligencia colectiva.

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