Inteligencia ciudadana

No podemos entender una ciudad inteligente, sin una ciudadanía inteligente. Tenemos que entender que como tales tenemos unos derechos adquiridos, pero también una suerte de responsabilidad compartida con nuestra comunidad. Y para ello tenemos que empezar a cambiar la manera en que vivimos, consumimos y nos relacionamos en las ciudades, a proponer y construir colectivamente nuevos espacios y canales de decisión pública, a implicarnos en las decisiones que determinan nuestro entorno urbano próximo para que este responda a nuestras aspiraciones y necesidades, a hacer un uso eficiente de los recursos y desarrollar pautas de consumo más ecológicas, a exigir responsabilidades a quienes nos gobiernan, a participar activamente en las cuestiones públicas, a respetar la diversidad y aprender de ella, a apoyarnos mutuamente y a colaborar en la mejora de nuestra comunidad.

Así, y solo así, podemos empezar a entender la ciudad como una construcción colectiva que nos permita mejorar nuestra calidad de vida y alcanzar nuestros deseos. Porque solo a través de la equidad, el respeto, el compromiso, la participación y la sostenibilidad podemos hacer de nuestras ciudades un lugar mejor donde vivir.

Imagen: Asamblea en la Acampada Sol (fuente: El País)

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